Cuidando Nuestros Pensamientos


Comprendí el poder de mi mente cuando pude experimentar el daño que podía causarme. Habiendo vivido patrones extremos de perfeccionismo, sobre-control, razonamiento excesivo y diálogo interno negativo, es inevitable llegar a un punto en el que tu mente se quiebra. Sea a través de un período depresivo, tristeza extrema, ansiedad, agobio, entre otras manifestaciones, mi cuerpo y mi mente se unieron para decirme: “¡Oye Angie! Hay algo que debes atender. No puedes continuar así!” Fue un momento realmente revelador en mi vida. Mi mundo interior necesitaba atención.

El mundo exterior, por su parte, y nuestra vida en general han cambiado a pasos agigantados. Tenemos más información a nuestra disposición, más estímulos que nos bombardean a diario, más sucesos ocurriendo en el mundo y por momentos, pareciera que nuestra mente se siente vulnerable e incapaz de digerir eficientemente todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Comprendí entonces que la solución a mi estado no estaba en el mundo exterior.

Pronto comprendí que las respuestas estaban dentro de mí y en el camino de transformación que debía iniciar, a nivel físico, mental y espiritual. Somos seres absolutamente inteligentes y dotados de una gran capacidad de sanación en todos los niveles. Sólo es necesario enfocar adecuadamente nuestros esfuerzos para encausar nuestra mente hacia el desarrollo de todo nuestro potencial y bienestar.

Lo primero que intenté discernir fue el tipo de pensamientos que solía tener. No es lo mismo un pensamiento funcional como: “¿Qué voy a cocinar hoy? ¿Cómo llego a ese lugar?”, los cuales te permiten funcionar en el mundo a tener un diálogo interno negativo que te cuestiona continuamente una mala decisión o que te dice: “¡No debiste hacer eso! ¡Te equivocaste!” E incluso: “¡Qué tonta eres!”. El razonamiento excesivo era otra constante. Pensar una y otra vez sobre un paso a dar puede realmente drenar tu energía. Cuando pude diferenciar mis pensamientos, pude también darme cuenta de cómo se iban detonando y comencé a observarlos cuidadosamente. Mientras más lo hacía, más me daba cuenta de que yo no era esos pensamientos. Fue realmente sanador verme como la observadora de mis pensamientos. Algo se iluminó en mí.

Comencé a darle paso en mi vida a actividades y hábitos que realmente me ayudaron a cambiar la espiral negativa en la que estaba inmersa. A través de pequeños pasos pero firmes, fui creando un nuevo contexto y hoy comparto contigo las diez (10) actividades que le dieron un vuelco a mi salud mental:

  1. Respiración consciente: Había olvidado el placer que se siente cuando respiras conscientemente. Cinco (5) minutos al día podían hacer una gran diferencia. Además, mi mente se aquietaba en el instante. Fue mi primer paso hacia el número 2.

  2. Meditación: Una vez enfocada en mi respiración, fue muy natural comenzar a meditar y tener encuentros más profundos con mi ser interior. Veinte (20) minutos al día fue mi base. Hoy puedo hacerlo por más tiempo y puedo estar más consciente de mí misma a lo largo del día.

  3. Ejercicio: Caminar fue mi primera gran actividad y era una actividad meditativa. Luego comencé a correr y noté cambios drásticos en mi salud física y mental: Mayor oxigenación, mayor claridad mental, más fluidez en mi rutina diaria, más felicidad, en fin… Posteriormente vino el yoga y los ejercicios de fuerza.

  4. Actividades creativas: Pintar y colorear fueron las principales. Pueden ser realmente meditativas. Además, me ayudaron a reconectar con mi Niña Interior. Posteriormente, escribiré sobre este bello reencuentro.

  5. Journaling: Escribir fue terapéutico. Después de una meditación o bien para descargar mi mente, escribir un diario fue realmente sanador. Escritura libre o siguiendo un formato, sea cual fuere el método, cuando dejas fluir tus pensamientos en un papel, los puedes observar desde otra óptica y ya no te enganchas con ellos.

  6. Leer: Retomé mi lectura inspiracional y opté por todos aquellos textos que me aportaran en este nuevo proceso. Cuando lees, tu mente se vuelve receptiva y se aquieta, además de potencializar tu aprendizaje y tu creatividad.

  7. Bailar: Otra forma de ejercicio, pero yo prefiero darle su propio lugar. Bailar con intención, sea salsa, cumbia, merengue, balada, no sólo estimulan tu salud física sino también tu salud mental. Te sientes liberada y con entusiasmo. Bailar te conecta con tu poder interior y con la energía que llevas dentro.

  8. Actividades Sensoriales: Aprendí a ser más consciente de mis sentidos y todo lo que puedo captar a través de ellos. Creo que vivimos demasiado en automático y dejamos de percibir a consciencia los milagros que nos rodean: El color de una flor, el aroma de un árbol o una deliciosa receta, el canto de los pájaros, un bello atardecer, la suavidad de una caricia.

  9. Afirmaciones Diarias: Aprendí a cambiar un pensamiento negativo por uno positivo a través de afirmaciones poderosas. Siempre tienes la posibilidad de volver a elegir aquello en lo que te quieres enfocar. Esta es una decisión que te libera.

  10. Contacto con la Naturaleza: Caminar en la naturaleza o percibirla más conscientemente se volvieron pasatiempos favoritos. Cuando te conectas con la naturaleza, vuelves a tu esencia como ser universal.



Sea cual sea la actividad que quieras ir implementando en tu vida, confía en que te ayudará a mantener tu salud mental y a entender tus pensamientos como lo que son: fracciones de tu vida pasada o de tus anhelos futuros que te alejan de vivir en tu presente absoluto. Cuando te desenfocas de tu presente, es cuando los pensamientos lideran tu vida y tus acciones. No siempre será fácil, pero con la práctica, lo irás dominando y tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

Cuidando Nuestros Pensamientos

Nuestro Propósito - Nuestra Esencia

Nuestro Cuerpo - Nuestro Templo

Nada es más fuerte que una mujer que se ha transformado a sí misma.

No temas dar el siguiente paso. Yo también he estado allí y hoy quiero dar ese paso contigo. No hay sueños grandes o pequeños ni situaciones insignificantes. Escucha el llamado de tu corazón y dime cómo puedo apoyarte. ¡Estoy aquí para ti!